Ensayo



Ser latino no es un delito: El rostro de las deportaciones en Perú.


Tras el arribo de 130 deportados al Aeropuerto Jorge Chávez, la Ley SB4 de EE. UU. pone en evidencia el uso del perfilado racial como una herramienta de exclusión social.

Por Piero Carhuamaca

28 Febrero, 2026 05:30 p.m.

Según registros oficiales de la Superintendencia Nacional de Migraciones y la Cancillería del Perú, el 16 de febrero de 2025, arribó al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, un vuelo con 130 peruanos deportados desde Estados Unidos, este evento marcó el inicio de una nueva y cruda etapa en la política migratoria regional. Lo que para la narrativa de seguridad nacional en Texas se describe como una 'restauración del orden' bajo la vigencia de leyes como la SB8 y la amenaza de la SB4, para las familias peruanas representa el colapso de una identidad construida en el esfuerzo y la ruptura inmediata del tejido social. Este fenómeno no es un evento aislado: con más de 12,000 compatriotas expulsados en los últimos años, la deportación se ha convertido en una herramienta de poder que, según los informes de la Defensoría del Pueblo y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), racializa la sospecha y vulnera los compromisos de justicia y paz establecidos por la ONU 

 

Para entender por qué tantos peruanos están regresando en estos vuelos, hay que mirar lo que dicen leyes como la SB4 en Texas. Aunque el gobierno de ese estado dice que solo busca proteger su frontera, en la práctica esta ley permite que cualquier policía detenga a una persona simplemente por 'parecer' extranjera. Esto es lo que se conoce como perfilado racial: usar el aspecto físico o el acento como una razón para sospechar de alguien. Al actuar así, Texas ignora la Enmienda 14 de la Constitución de Estados Unidos, que dice claramente que todas las personas tienen derecho a un proceso justo ante la ley. En lugar de juzgar a cada individuo por sus actos, se les juzga por su apariencia, convirtiendo nuestra identidad latina en un motivo de detención.

 

Esta situación provoca un efecto dominó que destruye la vida de los peruanos en el extranjero. Cuando un compatriota sabe que puede ser deportado en cualquier momento solo por salir a la calle, el resultado es el miedo absoluto. Esto causa la ruptura del tejido social: las familias se esconden, los padres dejan de llevar a sus hijos al colegio y los enfermos no van al hospital por temor a ser entregados a migración. Al final, el peruano deja de ser un vecino que aporta a su comunidad y se vuelve 'invisible'. 

 

​La realidad de este fenómeno se hizo evidente el 6 de febrero de 2025, cuando aterrizó en Lima el segundo avión con peruanos expulsados bajo las nuevas políticas de control migratorio. Según informó el congresista Carlos Lizarzaburu en declaraciones recogidas por CNN, en apenas dos vuelos Estados Unidos ya ha deportado a 140 peruanos, una cifra que demuestra la velocidad y severidad de estos operativos. Al llegar al Aeropuerto Jorge Chávez, los compatriotas no solo enfrentan la pérdida de sus sueños en el extranjero, sino también un estigma social injusto. A pesar de que muchos son trabajadores que sostenían a sus familias, el retorno forzado los coloca en una situación de vulnerabilidad extrema, donde el Estado peruano tiene el reto urgente de recibirlos y proteger su dignidad, evitando que sean tratados como criminales en su propia tierra.

 

Este escenario revela un conflicto profundo sobre lo que significa la identidad latina en el siglo XXI. Mientras que para el peruano migrante su identidad es sinónimo de esfuerzo, resiliencia y apoyo a sus familias mediante remesas, para leyes como la SB4 esa misma identidad se convierte en una etiqueta de 'peligrosidad'. El sistema ya no juzga a la persona por sus acciones individuales, sino por sus rasgos o por su idioma. Esta visión deshumanizante ignora el valor cultural y económico que los peruanos aportan a sus comunidades. Al final, reducir la identidad de un ser humano a su estatus migratorio es el paso previo para justificar la exclusión y el maltrato, rompiendo la promesa global de no dejar a nadie atrás.


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